jueves, 26 de junio de 2014

Mirada vieja por su mismo universo

En ese momento él abrió la puerta de su casa como todos los días.
Silencio, siempre había silencio tranquilo y pasivo como el pasar de los días desde que ella le falta, desde que se fue allí donde él ya no podría seguirla. Murió.
Aquella casa tan reformada aún recordaba momentos pasados en los que él la arrimaba a la pared y la daba un beso travieso, o cuando simplemente la acariciaba en la cama mientras ella dormía.
Él una vez la quiso, la quiso con tanta fuerza que pensó que aquello permanecería en la propia historia del tiempo, pensó que  juntos con el paso de los años y desde el propio futuro cada noche volverían a abrir la cajita de su universo pasando por cada época, por cada mal momento, por cada risa, por cada sentimiento.
Él la quiso, él la quiere todavía después de todos estos años.
La casa vieja en la que antaño les vio enamorarse más y más, a día de hoy es más nueva, más limpia, más reformada. Él no quiso marcharse, pero la casa era demasiado vieja para aguantar todos los años solitarios que aún le quedaban por vivir.
Aquel hombre de la mirada triste y joven ,se apresuró en hacerse envejecer, para que tal vez un día volver a sentirse joven en los brazos ella, eso pensó en su larga y solitaria vida. Mientras todo el tiempo pasaba.



La noche antes de marchar, el recordó algo que parecía un recuerdo de ella con él. Un recuerdo olvidado podría ser…
Pero no tardo en notar que aquello no sería un recuerdo sino una continuación de lo que aún estaba por llegar.
Los dos en aquel dormitorio viejo , el cual les contemplaba de reojo la viva juventud que sus cuerpos afloraba. Los dos solos a oscuras en silencio se clavaban la mirada, apenas se veían pero sabían que se habían encontrado y eso les bastaba.

Los dos cansados de los golpes de la vida se entendían a la perfección como dos gotas de agua, como dos hojas en el viento, las dos tan iguales pero a la vez tan distintas.
Ella comenzó a acariciar la piel de él, la cual todavía conservaba esas heridas tan recientes  de la propia guerra, a él le dolía sentir eso, le dolía que ella pudiera acariciarlas en su espalda porque no paraba de sentirse imperfecto.
Ella era tan suave y agradable a la vista, pero a la vez tan herida por dentro, que él agarró su mano en el momento y le susurro al oído…


-Voy a besar tan suavemente cada parte de tu vida para que  de ello surja un universo de placer…-Mientras con la mira desvisto su piel arrastrando lo que sobra a la historia.
En ese momento ella comenzó a emocionarse al sentir esa dulzura en su voz de protección, de pasión, de amor, de ser lo que ella quería encontrar.
- Te lo diré así desnuda ,para que puedas contemplar  la verdad que tu ojos me inspiran- Y se acercó tan lentamente a su oído para que ni la propia casa pudiera escucharlo -…Siempre estaré contigo.


Él abrió los ojos y le cambió la mirada vieja por su mismo universo…….



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Marina D.