En ese momento él abrió la puerta de su casa como todos los
días.
Silencio, siempre había silencio tranquilo y pasivo como el
pasar de los días desde que ella le falta, desde que se fue allí donde él ya no
podría seguirla. Murió.
Aquella casa tan reformada aún recordaba momentos pasados en
los que él la arrimaba a la pared y la daba un beso travieso, o cuando
simplemente la acariciaba en la cama mientras ella dormía.
Él una vez la quiso, la quiso con tanta fuerza que pensó que
aquello permanecería en la propia historia del tiempo, pensó que juntos con el paso de los años y desde el
propio futuro cada noche volverían a abrir la cajita de su universo pasando por
cada época, por cada mal momento, por cada risa, por cada sentimiento.
Él la quiso, él la quiere todavía después de todos estos
años.
La casa vieja en la que antaño les vio enamorarse más y más,
a día de hoy es más nueva, más limpia, más reformada. Él no quiso marcharse,
pero la casa era demasiado vieja para aguantar todos los años solitarios que
aún le quedaban por vivir.
Aquel hombre de la mirada triste y joven ,se apresuró en hacerse
envejecer, para que tal vez un día volver a sentirse joven en los brazos ella,
eso pensó en su larga y solitaria vida. Mientras todo el tiempo pasaba.
La noche antes de marchar, el recordó algo que parecía un
recuerdo de ella con él. Un recuerdo olvidado podría ser…
Pero no tardo en notar que aquello no sería un recuerdo sino
una continuación de lo que aún estaba por llegar.
Los dos en aquel dormitorio viejo , el cual les contemplaba de
reojo la viva juventud que sus cuerpos afloraba. Los dos solos a oscuras en
silencio se clavaban la mirada, apenas se veían pero sabían que se habían
encontrado y eso les bastaba.
Los dos cansados de los golpes de la vida se entendían a la
perfección como dos gotas de agua, como dos hojas en el viento, las dos tan
iguales pero a la vez tan distintas.
Ella comenzó a acariciar la piel de él, la cual todavía conservaba
esas heridas tan recientes de la propia
guerra, a él le dolía sentir eso, le dolía que ella pudiera acariciarlas en su
espalda porque no paraba de sentirse imperfecto.
Ella era tan suave y agradable a la vista, pero a la vez tan
herida por dentro, que él agarró su mano en el momento y le susurro al oído…
-Voy a besar tan suavemente cada parte de tu vida para que de ello surja un universo de placer…-Mientras
con la mira desvisto su piel arrastrando lo que sobra a la historia.
En ese momento ella comenzó a emocionarse al sentir esa
dulzura en su voz de protección, de pasión, de amor, de ser lo que ella quería
encontrar.
- Te lo diré así desnuda ,para que puedas contemplar la verdad que tu ojos me inspiran- Y se acercó
tan lentamente a su oído para que ni la propia casa pudiera escucharlo -…Siempre
estaré contigo.
Él abrió los ojos y le cambió la mirada vieja por su mismo
universo…….
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Marina D.