viernes, 17 de julio de 2015

Adolescente hormonal.

Ella desvirgo mi humilde e infantil mentalidad, pervirtió la inocencia que aún existía en mi.
En aquellos días en los que las tardes calurosas eran largas y el tiempo pasaba muy lento, era su mejor diversión echarme miradas pícaras y tentarme sin llegar a tocarme. Era una diversión inocente que en el fondo me hacía sentir un rebelde, pero que sin más no tenía gran importancia…Miradas, risas, charlas sin sentido y más miradas.
Aquella tarde cambiante algo diferente, ella movía sus adolescentes ganas al son de la música, se deslizaba con movimientos alocados y sensuales sabiendo que yo no podía parar de mirarla en aquel parque con la música de sus cascos a tope y olvidándose del mundo.
Ella me retaba con cada movimiento, me tentaba. Se acerco, agarro mi cara con una mano y sin más me llamo “crío”….¡¡Un crío!! Un crío sin ningún tipo de experiencia masturbador amateur.
Y a ella le divertía mi forma de mirarla, se sentía deseada y yo no era más que un pobre juguete que inútil, soñaba despierto a solas masturbando sus ratos pensando en que algún día me atrevería a tocarla.
Aquella misma tarde, sin darme cuenta cuando pensé que no podría ser más estúpido por mi corta edad y mi vergüenza aparente, ella me beso lento pegando su cuerpo al mío.
¡ESTOY COMPLETAMENTE VIVO! Creo que aquel día deje de tener los pies en el suelo, recree todos mis ratos a solas pensando en ese beso, en el calor que me ardía por dentro, soy inútilmente vergonzoso y como siempre, ella acabo volando escapándose de mis manos hacia otro chico mucho más atrevido y desinhibido, sin ningún tipo de vergüenza.

Hoy después de un tiempo vuelvo al mismo lugar en esta tarde calurosa y me quedo sentado contemplando imaginándomela bailando con la música a tope en sus cascos, moviendo su pelo, sus caderas, sus pechos y sus preciosos ojos…

Deje de ser un “crío” y ahora estoy condenado a recordar como adolescente hormonal.

lunes, 15 de junio de 2015

La chica del cuaderno en el metro

Ella camina sola por los andenes y pasillos largos del metro, la cabeza gacha y no es para mirar el móvil, sino para contemplar la vista de sus zapatos desde arriba.
Ella camina algo distraída, absorta en su mundo, ella se siente invisible, se siente libre. Se pregunta cosas de vital importancia, cosas en las que nadie repara demasiado y no son importantes para el resto del mundo.
Si alguien la viera, podría decir que no lleva rumbo alguno, ella vuela con cada paso sin importar quien la mire.
De pronto se para y calcula la posición dónde parará la puerta corrediza del metro y espera; Al sentarse en el asiento ella saca delicadamente y con mimo un cuadernito de su bolso, junto con un bolígrafo azul. La portada del cuaderno tiene un estampado con florecitas muy coloridas, ella lo abre y se zambulle en ese mundo de palabras escritas, a veces suele levantar la cabeza para mirar las paradas o a las personas, a veces hasta se queda mirando a la nada.
Está tan inmersa en su escritura que seguramente ella no solo vea pequeñas historias que contar, mientras su larga melena clara cuelga por sus hombros y espalda.
Su rostro se ilumina y esboza una tenue sonrisa casi imperceptible para el resto de la gente, la cual no me importa.
Ella no es tímida, simplemente le soñar en silencio en su pequeño mundo de papel, y mientras ella sueña en su burbuja yo la miro cada día.
Veo su melena colgar, su cuaderno arder y hago un mundo de esa tenue sonrisa. No me importa si no se da cuenta pero éste momento entre andenes y trenes es el mejor momento de mi día. Y ella ni siquiera me ve, pero a mí no me importa.
Cada mañana salgo una hora y cuarto antes, sólo para poder mirarla y cuando ella se baja del tren, yo hago lo propio y cambio de trayecto, ya que éste no es el mí trayecto para ir al trabajo, pero tampoco me importa.

Tengo la esperanza de que algún día ella me mire para devolverle la mirada. Siempre cerca observándola, mirando como cuelga su melena clara. Y casi siempre me pregunto ¿En qué nueva historia estará ahora?

miércoles, 25 de febrero de 2015

Queja a la sociedad.

Siempre pensé desde que era pequeña que la felicidad consistía en hacer el camino de la vida “La felicidad es el trayecto, no el destino” pero cada día que pasa la fría y cruda realidad apaga la llama de los sueños.
Porque para ser feliz hay que tener dinero.
Si tienes riqueza o ahorras en la vida, podrás llegar a cumplir sueños, porque sin dinero puedes tener tiempo y sonrisas, pero no puedes tener un techo, ni comida, ni puedes tampoco escribir un libro.
¿En qué mundo vivimos que necesitamos dinero hasta para cumplir los sueños?
La realidad es que sin dinero no hay felicidad, y sin felicidad hay un camino más oscuro y más tenebroso, un camino en el que sonreír se hace hasta más difícil.
Pero lo más doloroso de todo es saber que tú vales para muchas cosas, eres noble, honesta y quieres seguir esforzándote para aprender más y más cosas a lo largo de tus días.
Pero hoy en día nadie hace de apoyo para que puedas seguir adelante, para que puedas hacer un trayecto y llegar a un destino sabiendo que todavía queda luz en el transcurso de las estaciones del tren de tu vida.
Es muy triste mirar lo que cuesta el billete de la vida y saber que a veces no te puedes permitir subir a sus trenes y mirar cómo pasan de largo soñando con el día en el que puedas permitirte comprar uno de esos billetes tan caros.
Me duele en el alma, me da rabia saber que hay personas que apenas hacen nada para ser quienes son, y sin embargo la gente les da importancia.
Impotencia de sentirme creativa, de sentirme viva y sin embargo tan triste y tan oscuro mi camino. También comprendo al resto del mundo en sus alocadas vidas y caminos arduos con pensamientos como el mío “¿Llegaré a fin de mes?”. Los sueños acaban reduciéndose a lágrimas y todo el pueblo llora mientras miran al cielo y suspiran y recuerdan que “La felicidad es el trayecto, no el destino”.

Todos estamos indignados con la sociedad, gritando desde nuestras pequeñas haciéndonos escuchar, pero la realidad es….Que hoy ya nadie escucha…

miércoles, 18 de febrero de 2015

Deseo de sueños.

Terminando a la deriva de los sueños, con los ojos cerrados y el corazón abierto se me hace tan dulce poder sentir el deseo de saltar. Como la voz de mi interior que me susurra y me besa el alma haciéndome sentir eternamente joven.
Pero se nos acaba el tiempo cada vez que llega el día. Siento como ese deseo a la deriva se escapa entre mis dedos, noto como intenta seguir aferrándose a todo mi cuerpo pero es arrastrado por la luz que entra por mi ventana. Siempre se queda sollozando y yo besando a mi sueño en sus labios temblorosos le susurro “volveré”.


Es tan cálido como una llama ardiente y a la vez tan frío como lo que antaño fue mi alma. Siento como acaricia mi rostro perdido y me dejo llevar en sus brazos desnuda y con los ojos cerrados caigo en el sueño, dejándome tocar. No tengo intención de resistirme a ti…
Cada vez que vuelvo me aprieta más y más y siento como mi pecho se deshace, la suavidad de sus brazos, la calidez de su presencia hacen que sienta que el tiempo que pierdo soñando sea lo más preciado posible.
Quiero quedarme soñando el resto de mi vida, sentir su aliento en cada parte de cuerpo aunque sea solo una pequeña parte de todo mi tiempo de vida. Quiero sentir que estoy viva, quiero seguir soñando.
A veces mi sueño se pierde entre mi piel y mi destino, llorando entre los sueños y mi alma entonces me doy la vuelta y beso la dulce idea de sentir que soy inmortal en una gran pequeña parte de mi vida.