miércoles, 25 de febrero de 2015

Queja a la sociedad.

Siempre pensé desde que era pequeña que la felicidad consistía en hacer el camino de la vida “La felicidad es el trayecto, no el destino” pero cada día que pasa la fría y cruda realidad apaga la llama de los sueños.
Porque para ser feliz hay que tener dinero.
Si tienes riqueza o ahorras en la vida, podrás llegar a cumplir sueños, porque sin dinero puedes tener tiempo y sonrisas, pero no puedes tener un techo, ni comida, ni puedes tampoco escribir un libro.
¿En qué mundo vivimos que necesitamos dinero hasta para cumplir los sueños?
La realidad es que sin dinero no hay felicidad, y sin felicidad hay un camino más oscuro y más tenebroso, un camino en el que sonreír se hace hasta más difícil.
Pero lo más doloroso de todo es saber que tú vales para muchas cosas, eres noble, honesta y quieres seguir esforzándote para aprender más y más cosas a lo largo de tus días.
Pero hoy en día nadie hace de apoyo para que puedas seguir adelante, para que puedas hacer un trayecto y llegar a un destino sabiendo que todavía queda luz en el transcurso de las estaciones del tren de tu vida.
Es muy triste mirar lo que cuesta el billete de la vida y saber que a veces no te puedes permitir subir a sus trenes y mirar cómo pasan de largo soñando con el día en el que puedas permitirte comprar uno de esos billetes tan caros.
Me duele en el alma, me da rabia saber que hay personas que apenas hacen nada para ser quienes son, y sin embargo la gente les da importancia.
Impotencia de sentirme creativa, de sentirme viva y sin embargo tan triste y tan oscuro mi camino. También comprendo al resto del mundo en sus alocadas vidas y caminos arduos con pensamientos como el mío “¿Llegaré a fin de mes?”. Los sueños acaban reduciéndose a lágrimas y todo el pueblo llora mientras miran al cielo y suspiran y recuerdan que “La felicidad es el trayecto, no el destino”.

Todos estamos indignados con la sociedad, gritando desde nuestras pequeñas haciéndonos escuchar, pero la realidad es….Que hoy ya nadie escucha…

miércoles, 18 de febrero de 2015

Deseo de sueños.

Terminando a la deriva de los sueños, con los ojos cerrados y el corazón abierto se me hace tan dulce poder sentir el deseo de saltar. Como la voz de mi interior que me susurra y me besa el alma haciéndome sentir eternamente joven.
Pero se nos acaba el tiempo cada vez que llega el día. Siento como ese deseo a la deriva se escapa entre mis dedos, noto como intenta seguir aferrándose a todo mi cuerpo pero es arrastrado por la luz que entra por mi ventana. Siempre se queda sollozando y yo besando a mi sueño en sus labios temblorosos le susurro “volveré”.


Es tan cálido como una llama ardiente y a la vez tan frío como lo que antaño fue mi alma. Siento como acaricia mi rostro perdido y me dejo llevar en sus brazos desnuda y con los ojos cerrados caigo en el sueño, dejándome tocar. No tengo intención de resistirme a ti…
Cada vez que vuelvo me aprieta más y más y siento como mi pecho se deshace, la suavidad de sus brazos, la calidez de su presencia hacen que sienta que el tiempo que pierdo soñando sea lo más preciado posible.
Quiero quedarme soñando el resto de mi vida, sentir su aliento en cada parte de cuerpo aunque sea solo una pequeña parte de todo mi tiempo de vida. Quiero sentir que estoy viva, quiero seguir soñando.
A veces mi sueño se pierde entre mi piel y mi destino, llorando entre los sueños y mi alma entonces me doy la vuelta y beso la dulce idea de sentir que soy inmortal en una gran pequeña parte de mi vida.