Terminando a la deriva de los sueños, con los ojos cerrados
y el corazón abierto se me hace tan dulce poder sentir el deseo de saltar. Como
la voz de mi interior que me susurra y me besa el alma haciéndome sentir eternamente
joven.
Pero se nos acaba el tiempo cada vez que llega el día.
Siento como ese deseo a la deriva se escapa entre mis dedos, noto como intenta
seguir aferrándose a todo mi cuerpo pero es arrastrado por la luz que entra por
mi ventana. Siempre se queda sollozando y yo besando a mi sueño en sus labios
temblorosos le susurro “volveré”.
Cada vez que vuelvo me aprieta más y más y siento como mi
pecho se deshace, la suavidad de sus brazos, la calidez de su presencia hacen
que sienta que el tiempo que pierdo soñando sea lo más preciado posible.
Quiero quedarme soñando el resto de mi vida, sentir su
aliento en cada parte de cuerpo aunque sea solo una pequeña parte de todo mi
tiempo de vida. Quiero sentir que estoy viva, quiero seguir soñando.
A veces mi sueño se pierde entre mi piel y mi destino,
llorando entre los sueños y mi alma entonces me doy la vuelta y beso la dulce
idea de sentir que soy inmortal en una gran pequeña parte de mi vida.

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